Chile cuenta con una infinidad de platos dulces y salados que componen el extenso menú de opciones gastronómicas tradicionales y representativas de lo más puro de la auténtica comida andina. Por ello, muchos son los platos que se consideran símbolos del sentimiento chileno y que constituyen emblemas nacionales del pueblo y de la nación en general, casi como ocurre con la bandera o el escudo del país.

Una de las preparaciones que con mayor frecuencia se consume en Chile y que representa a este país es el charquicán, un guiso muy popular en el sur de la América Latina. Este plato se prepara con una base de sofrito tradicional que incluye ají dulce, cebolla y ajo, al que se le añade charqui, una forma de preparar carne muy antigua para deshidratarla con sal y que ésta dure varios meses sin necesidad de refrigerarla. A esta base se le añaden viandas peladas como calabazas y papas, así como agua para que todo se cocine junto y cree un delicioso plato, el cual puede sazonarse con muchas especias particulares y que varían de receta en receta.

En Chile un toque muy común es el de la acelga en trozos, que se añade al final de la cocción junto con el maíz. El plato final suele servir con carnes vacunas o de algún otro ganado, aunque la versión “a lo pobre” se culmina con la adición de un huevo cocido con anterioridad.

En Chile existen varias versiones para el charquicán, y que sustituyen la carne por algún tipo de alga, como puede ser el alga cochayuyo, común en las costas de Chile y que ha sido utilizada por los aborígenes desde hace siglos. Este plato ya no es muy popular, pero muchos investigadores aseguran que es el antecesor de la popular paila marina.